La Dra. Jean Ayres explicaba que la Integración Sensorial es como el "Director de tráfico" de nuestro cerebro.
A cada segundo, el cuerpo de tu hijo recibe miles de señales de todo lo que le rodea: el ruido de la calle, la textura de la ropa, la luz del cuarto, el sabor de la comida, e incluso señales internas como el equilibrio y la fuerza de sus músculos.
La integración sensorial es la capacidad que tiene el cerebro del niño para recibir toda esa información, acomodarla en orden y darle sentido. Cuando este "director de tráfico" trabaja bien, tu hijo puede jugar, aprender, concentrarse y convivir con tranquilidad porque su cerebro entiende el mundo de forma clara.
Rechaza ciertos alimentos por su textura (como purés, verduras o carnes) o prefiere comer siempre lo mismo.
Le molestan mucho las etiquetas de ropa, las costyras de los calcetines o texturas como la mezclilla.
Evita juegos con texturas pegajosas (slime, pintura, plastilina, etc) o le da miedo despegar los pies del piso (columpios, resbaladillas)
Se tapa los oídos con ruidos cotidianos (la licuadora, el caminón, globos) o se abruma en lugares con mucha gente.
Parece que no se cansa nunca; salta constantemente en los sillones, choca contra las paredes o da vueltas sobre si mismo.
Rompe los lápices al escribir porque aprieta demasiado, se tropieza seguido o parece "flojito" al sentarse.
Descubre cómo apoyar el procesamiento sensorial y la autorregulación de tu pequeño.
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